Cascos acusa a Areces de haber dejado una deuda oculta de 211 millones en el Principado
El Presidente encarga a la Intervención General una auditoría sobre la legalidad del «agujero», que amenaza el crecimiento l Rabanal había reconocido un endeudamiento de 1.634 millones
El presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, eligió la inauguración de la 55 edición de la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA) para denunciar un agujero de 211 millones de euros en las cuentas regionales, herencia del anterior Gobierno de Vicente Álvarez Areces, quien se encontraba entre el público asistente al acto, en la segunda fila de butacas, tras la reservada a las autoridades.Esos 211 millones de euros se corresponden a facturas y otras obligaciones de pago autorizadas por el anterior Ejecutivo socialista, pendientes de contabilizar e imputar al Presupuesto autonómico de 2011 y que fueron comprometidos sin cobertura presupuestaria. Un «endeudamiento oculto» sobre cuya legalidad Álvarez-Cascos ha encargado una auditoría a la Intervención General del Principado.
El mandatario autonómico destacó las consecuencias negativas que tendrá sobre «nuestras posibilidades de crecimiento» la existencia de esos 211 millones de deuda sin soporte presupuestario. Según las cifras dadas por Cascos, a esa cantidad se añaden 665 millones de euros de incremento del endeudamiento del Principado en el último año y medio; casi un 70%. Sumados dan 876 millones a los que tendrán que hacer frente las arcas públicas regionales.
El ex consejero de Hacienda con el PSOE, Jaime Rabanal, reconoció el pasado junio una deuda del Principado por 1.634 millones de euros tras haber duplicado su deuda en dos años. La Sindicatura de Cuentas del Principado ya había advertido en sus informes que una cifra muy próxima a los 211 millones a los que ahora se refiere Cascos, no estaba adecuadamente contabilizada como deuda.
Las contundentes palabras de Álvarez-Cascos cayeron como un jarro de agua fría sobre su predecesor en el cargo y otros destacados socialistas como Javier Fernández o Antonio Trevín. Las manos de los socialistas permanecieron quietas durante la tradicional ovación con la que la mayoría de los asistentes respondieron al discurso inaugural.
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